miércoles, 30 de junio de 2010

Así es…

Se fue sin decir una palabra, una sola y última palabra. Sus dedos tocaron mi cabello y el guarda del ómnibus apuró el último beso.

Desde la ventana lo vi no mirar de vuelta, él no mira de vuelta, entró al super de la esquina y se perdió entre tomates y compradores.

Mensajes de texto insanos, llenos de falsa esperanza y alegría mentirosamente sanadora.

Un olor particular invadió cada uno de sus espacios, llenando de recuerdos gélidos por la memoria que idealiza un momento interminable.

Canciones llenas de ganas de llorar, llenas de ganas de volver, llenas de ganas.

Mails mintiendo un simple estar bien, cómoda, siguiendo con la vida de juguete.

Sonrisas de algarabía en la bandeja de entrada, y nudos de tristeza en el reply.

Medias de frío y arena en los zapatos del recuerdo. Fotos enviadas y recibidas, imágenes que creí reconocer y esperando llenen un hueco que no se si existe.

Mil interrogantes colman mi cabeza de dudas, qué, cómo, dónde y por qué, me pregunto sin cesar.

Es tarde y el tiempo no deja pasar mas nada.

Creo que la realidad se convirtió en una fantasía llena de fotogramas cerebrales y rosados.

Odio el rosado, pero no dejo de pintar todos mis cuartos imaginarios de esa horrible mezcla entre la pureza y la pasión.

Es increíble como han pasado los años y uno sigue en la misma puerta, esperando que se abra, esperando un regalo de los dioses por haber sido tan buena niña.

"Los dioses ni regalan ni existen", dice el diablo mientras nos engaña y quiere hacernos dormir eternamente entre lagrimas.

Noches de alegría confunden mi insomnio constante, pero siempre a la mañana es él quien yace en el fondo de mis ojos.

La resaca de la lima me lo recuerda, el azúcar, la sal, la polenta, el tuco, los besos y mis dedos me lo recuerdan, cada pedazo de mundo tiene un desesperante recuerdo a él.

Paso a paso olvido e invento, mas me separo de la realidad y más duele darse cuenta del imaginario lugar por el que me deslizo.

Pasto de chocolate y lluvia de colores se convierten en tierra y agua para mostrarme en sueños su nula presencia.

Invisible es el techo que me tapa y no me deja ver más allá. Invisible o imaginado...

No volvió, no vino, ¡no nada! Pero su presencia de aire es más fuerte.

Paso, dejo, tomo un ómnibus y no está.

Pues que no vuelva más entonces, no lo miraré, no lo oleré, no existirá en ninguno de los cuartos que pise, en ningún colchón su altura mediré.

Te quiero dulce amor, dulce primer amor, saludo y palmadita en la cola, lo nuestro terminó.

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